Aterrizaje a la inspiración 2015: Tanger y Tetuan, Marruecos

Era un jueves a primera hora de la mañana que siete mujeres nos encontrábamos en el aeropuerto de El Prat para encetar un nuevo formato de Aterrizaje. Esta vez también viajábamos, pero cambiábamos la innovación por inspiración. Realmente este nuevo concepto nos había creado muchas expectativas y estábamos todas preparadas para vivirlo intensamente.

Para algunas, caras nuevas que en pocas horas pasaron a ser próximas y cálidas, para otras, reencuentros efusivos. Sonrisas emocionadas, actitudes relajadas de poder aparcar, por cuatro días nuestras apretadas agendas empresariales, una delicia de programa y una guía de excelencia. ¿Qué más podíamos pedir?

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Acabadas de aterrizar en Tánger, a pocos minutos de trayecto, se empezaron a divisar los camellos, la arena, el mar, un cielo brillante… y al fondo de todo, se intuía el otro continente. Que cerca y que alejados a la vez. Parece una contradicción; y es que a sólo 20km de distancia, cuántos impactos se hacen perceptibles en todos los sentidos…

Embelesadas como niñas pequeñas decidimos subir con camellos y permitirnos un paseo por la costa. Se acercaba la hora de comer y nos dimos adentrarse en la laberíntica medina hasta encontrar nuestro Riad, una majestuosa vivienda que pasaría desapercibida a cualquier transeúnte que pasara por delante. A continuación nos apresuramos a encontrar Las Chicas, un espacio de diseño de objetos que aparte también tiene restaurante. Primera comida a tierras tangerinas, parece que nos atrevemos a probar comidas locales, y mientras tanto, la brisa nos hacía volar el pelo… cuando de repente apareció una exaltada y sonriente Alice llegada de la India. Qué pedazo de mujer, ¡y cuántas cosas nos explicaría!

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Por la tarde sólo quedaba perdernos por la medina, comenzar a practicar el arte de regatear y finalmente relajarnos con un té verde en la terraza de la plaza inundada de hombres que pasaban las horas observando cómo pasa el tiempo. Y para despedir el primer gran día, Alice nos sorprendió con un clásico local para seguir degustando la gastronomía marroquí.

La segunda jornada sería un día de emociones a flor de piel, donde la AFEM (Asociación de Mujeres Emprendedoras de Marruecos) nos recibió en su sede. Se sienten orgullosas del proyecto que han emprendido desde el 2000, donde llegan a sumar 600 mujeres empresarias de todo el país. Están muy satisfechas porque acaban de recibir el premio de mejor asociación de la FAEME (Federación de Asociaciones de mujeres Empresarias y Emprendedoras del Mediterráneo). Hicimos un círculo donde mujeres tangerinas y mujeres catalanas nos mezclamos para explicarnos, una a una, nuestros pequeños grandes proyectos. Hay situaciones en la vida que ni la lengua, ni la cultura ni las creencias religiosas son barreras para que las personas nos sentimos mucho más ligadas de lo que pensaríamos. Aquella mañana, dentro de aquel círculo humano femenino, oímos historias de heroínas reales, de luchadoras persistentes y de campeonas que son capaces de todo a pesar de las adversidades. Se creó un espacio de confianza y de intimidad donde todas tuvimos un momento de voz. Nos cayeron lágrimas, recordando principios duros, repasamos trayectorias triunfantes y nos dimos cuenta de que somos muy poderosas.

Para digerir todas las emociones, fuimos a comer a un restaurante muy especial, donde cocineros y camareros son jóvenes en situación de reinserción social. Vistas únicas de la ciudad mientras Alice nos fascinaba con relatos para acercarnos más al mundo árabe. Por la tarde, una visita corta pero muy intensa en la casa 100% Mamas; una asociación que acoge madres adolescentes solteras y que después del parto les enseñan oficios como hacer pan, coser o cuidar personas mayores para que tengan facilidades a la hora de encontrar trabajo. Palpar en directo proyectos como este hace emocionar. Las segundas oportunidades son posibles. Cogemos el bus y vamos hacia Tetuán, donde españoles tangerinos de la época del Protectorado nos reciben a cenar en la Casa España. Esa noche volvimos al pasado. El edificio rococó, las voces que sólo comunicaban nostalgia, testigos de una época gloriosa que ya no reconocen a la tierra que acogió sus antepasados. Entre tapas y copas de vino todo fluyó, y volvimos a hacer evidente nuestro entusiasmo y ganas de “juerga” que tanto nos caracteriza.

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La mañana siguiente, y algunas con resaca, nos encontramos con Leo Miró, una cineasta barcelonesa afincada en Tetuán desde hace algunos años gracias a la crisis de nuestro país. Para romper el hielo, nos llevó a hacer un té verde en la plaza mayor, donde todo eran miradas masculinas de incomprensión. Leo enseguida se nos puso en el bolsillo y nos dejó embelesadas conforme íbamos recorriendo calles y antiguos edificios emblemáticos que ahora sólo eran locales cerrados y abandonados. Nuestra particular ruta terminó en un restaurante en medio de la medina, donde nos esperaba la Cocó Chanel marroquí: una arquitecta y diseñadora de veintidós pocos años con fuerza y ​​ansias por comerse el mundo de la moda. Por la tarde, algunas experimentamos el mundo del auténtico hammam, donde descubrimos un escenario totalmente opuesto a la calle, y es que de golpe, todo se hacía natural, sin malos olores ni vergüenzas…

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Y para celebrar nuestra última noche, Ibrahim, nuestro anfitrión, maravillarnos con sus artes culinarias, y disfrutamos de una noche llena de risas y de anécdotas que ya teníamos que contar. Aquella velada terminó en la azotea del Riad, bajo las estrellas y alguna manta. Estos momentos de plenitud son difíciles de encontrar. Un sabor contundente y emotivo nos invadía al pensar que se acercaba el final.

Último día: bus y hacia la zona rural donde Maite, una madrileña enamorada de Marruecos vive pacíficamente con su marido marroquí. Compraron el terreno y poco a poco fueron construyendo la casa y el jardín que muchas veces habían soñado. Sólo se respiraba paz y armonía. Y de golpe, todas entramos en sintonía emocional, como si la energía de aquel lugar nos hubiera removido todas las emociones y vivencias y según pasaban las horas, todo se iba exteriorizando. Nos disfrazarnos como niñas pequeñas, nos fotografiamos en cada rincón de aquel oasis, fuimos creando, entre todas, un mandala. Un resultado artístico donde quedó reflejada la conjunción de esos cuatro días y de aquellas ocho personas que por horas, habíamos sido inseparables.

El viaje llegaba a su fin, pero antes hicimos una última parada en Assillah, un pueblecito costero de encanto. A pesar de la belleza de sus calles y sus casas blancas y azules, la sensación de estar poniendo fin a esta aventura sólo dejaba cabezas gachas y un poco de tristeza.

Sin duda, un gran viaje de aprendizaje cultural, de compartir y de remover adentro. Un Aterrizaje en la Inspiración con sello Focus on Women de la mano de Alice Fauveau, una mezcla de excelencia sobrepasando con creces, aquellas expectativas de aquel jueves de abril.

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Las integrantes de este grupo humano fueron: Anna de Quirós, Sílvia R. Mallafré, Maria José Ramírez, Belén Escolá, Dolors Taulats, Anna Riguillo y Lourdes Isern.

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